lunes, 23 de julio de 2012

Y será verdad que es un grado...


Cuesta poco, al menos a mí, dar por válidas algunas afirmaciones como, por ejemplo, esa que dice que el conocimiento es un grado, o aquella otra de que manda el corazón por encima de la razón.

A pesar de que "mi" lógica me habla de los estigmas que la "cultura" en la que nos han "educado" (ya me está llegando con las comillas, como siempre), y que los lazos de sangre, trato, etc., no tienen porqué determinar nada, lo cierto es que puntualmente, determinan.

Más allá de haber estado desconectada de los eventos familiares madrileños por más de 7 años, siempre hay sectores familiares que, por lo que sea, no se tratan con asiduidad. Anoche estuve con una parte de mi familia en la que no reconocía las caras de casi nadie. La frase dominante, para conmigo me refiero, era la de "a ver si nos vemos en otras circunstancias". Sí, como imaginaréis, alguien se marchó dejando dolor entre los que allí estábamos.

El encuentro no duró más de una hora y media, sin embargo... me sorprendí cayendo en una dolorosa solidaridad. Recordaba perfectamente a las personas mayores con la que alguna vez traté. Fueron más los que se acordaban de mí por haber estado en un momento más consciente de sus vidas: tenían más edad que yo las últimas veces que nos vimos y el recuerdo era más "fresco".

En las despedidas, y esto es lo que aún ahora me confunde, los 30 ó 40 años que hace que no nos veíamos, se esfumaron como si de 5 minutos se hubiera tratado. En los abrazos había calor, intensidad a la hora de abandonarse en un apretón que viví como sincero; confianza en la creencia de saberse "seguro" en un lazo de afecto.

De un marciano a otro marciano... ¡Estos humanos están locos!

Chula

20 Oct 2011 13:16