sábado, 28 de enero de 2012

Desde mi ventana


Es curioso. Tuve que leer muchos TBO.s y divertirme con las ocurrentes viñetas de las que se publicaban en la sección, "Inventos de TBO", de mi época, para darme perfecta cuenta de que no eran ideas ideas tan brillantes. De que ya todo estaba casi inventando por aquél entonces. Y de que, posiblemente, muchas de esas historietas fueron sacadas de la situación y del contexto en que nos movíamos los niños del hambre.

Dicen que el hambre aguza el ingenio, y es cierto.

No tengo necesidad de presumir a estas alturas de mi vida, pero es cierto que durante mi niñez y hasta algo más tarde, fui un niño aplicado y disciplinado, por lo que me llevé varios pequeños premios y menciones de aplicación, así como algun que otro pequeño privilegio por parte de mis tutores y profesores.

Como dije en mi anterior relato, permanecí interno en colegios de Auxilio Social durante largos períodos de mi niñez y juventud. - La comida, escasa y deficiente en su composición alimenticia. La carne, apenas existente y el pescado, además de escaso y malo, con muchas fechas pasadas de caducidad. - Curiosamente, el bacalao, las lentejas y las sardinas eran alimentos considerados como de pobres, por lo que abundaban relativamente en nuestra pobre dieta.

Los profesores y tutores solían elegir para determinados servicios internos del colegio a aquellos niños que destacaban en su comportamiento y aplicación. Yo fui uno de ellos.

Una de las funciones que más nos atraían a todos los que allí estábamos, era la de servir la comida al resto de los niños. Pero sobre todo, de los profesores. Para esta misión destinaban siempre a los mejores. Y yo fui uno de ellos.

Como uno de tantos días, realicé mi servicio con la mejor de mi disposición. Sabía lo que me jugaba y de ninguna de las maneras me hubiera permitido perder tal privilegio. Serví los platos primero y segundo con gran diligencia y al final, el postre, que consistía aquél día en una apetitosa carne de membrillo. - Eran tacos o porciones grandes de este preciado y rico postre, y casi nunca se agotaba todo en una sola comida.

Era de rigor guardar hasta el último átomo de los restos, para ser servidos al día siguiente.

Una vez terminada la comida recogí la mesa y me apresuré a guardar en una fresquera los restos de la comida. Todavía no se conocían los frigoríficos o neveras. Entre mis más preciados objetivos estaba el del hermoso taco de carne de membrillo que había quedado sin consumir.

No pude reprimirme y cuando me ví sólo quité la tapa que cubría aquél hermoso talisman y me dispuse, con una fruición casi rayana en la desesperación, a meter mano al postre que como un imán atraía mis irrefrenables deseos.

El atracón que me dí es como para figurar en los anales de los tratados de indigestión más renombrados.

Al día siguiente y como todos los días, serví la comida a los profesores. Y al llegar al turno del postre me ordenaron servir lo que había quedado el día anterior... No había ni rastro del mismo. Lo más seguro es que ya hubiera corrido a lo largo de las alcantarillas camino del Manzanares.

La que se organizó es dificil de imaginar.

Tras preguntarme una y otra vez, y negar otras tantas, que yo no habia sido el autor de tales desmanes me llevaron a una habitación y acompañado de un tal Euguren, instructor de Falange, me conminó a que cantara sopena de molerme a palos. - Así lo hizo. Se quitó el correaje y despojándome del pantalón me dio tantos correazos que prácticamente no cabían en mi amoratado y hasta sangrante trasero.

No consiguió sacarme la verdad, aunque supongo que algún retrete y hasta las alcantarillas que llevaban al Manzanares podrían haber sido testimonio fiel de lo que yo tozudamente negué.

E y N

13 Oct 2011 18:58


http://foro-libre-ya.creatuforo.es/foro-libre-libre-f1/desde-mi-ventana-t207.html

4 comentarios:

Bonifacio dijo...

¿Qué le quitó el pantalón para pegarle? ¿Cuando dice correaje se refiere al cinturón? Mejor será que ahora mismo no diga lo que pienso o el grado de barbaridades, o sea, tacos, para que disimular, sería considerable.


Desde el Ebro, buenas noches.

Dziban

Bonifacio dijo...

Eras chico Mix, los adultos lo que te dieron fué una lección de brutalidad, era costumbre de la época evidentemente, porque mi padre me contaba algo de su experiencia en la escuela y no les pegaban pero había una varilla para castigar también.
Te diste el gusto de comer el dulce pero eso fué un atracón.
Las lentejas son un alimento muy sano, contienen hierro, a mí me gustan.
A pesar de la dureza del relato lleva el añadido de la ternura en tus actos, tratabas de sobrevivir al momento.

Un abrazo a ese jovencito Mix

Shakira

Bonifacio dijo...

Me doy cuenta que en esos tiempos (y en los que yo he vivido), los premios consistían en permitir acercarse a la cúpula, eran considerados verdaderos privilegios lo que en la actualidad serían abuso de poder y explotación de menores.

Si hubiera confesado, qué le habrían hecho? Castigado sin postre unos días? Trabajos extra? Haber vigilado el responsable de turno!

Ale! Por meter al ratón a cuidador de quesos! Qué esperaban?!


jejejeje Al manzanares, dice!. Con lo que estriñe!!

Invitaho

Bonifacio dijo...

Son bellos a pesar de todo, sus recuerdos.
Me gusta mucho leerlos y conocer un poco de aquel tiempo recién finalizada la guerra.
Sé por mi padre, aunque no hablaba mucho de ello, que a veces utilizaban el cinturón por la parte de la hebilla.
Y creo que tampoco estaban nada mal las collejas de Los Salesianos a juzgar por los recuerdos de mis compañeros de trabajo. Parece ser que las daban con el nudillo del dedo medio y solían levantar buenos dolores de cabeza.

Yo he conocido los reglazos en la palma de la mano y en las uñas....bueno, cosas de la vida que una vez pasadas...ya no tienen importancia.

Me ha traído usted recuerdos Mixambar, quizás algún día cuente alguno.


Muy feliz tarde

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